La captura de Nicolás Maduro, aliado del FSLN, altera el temor a nuevas sanciones contra funcionarios orteguistas o incluso a acciones más directas de EE. UU.
La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos marcó un punto de quiebre para el andamiaje internacional que ha sostenido durante años a la dictadura nicaragüense.
Según el informe Perspectivas, elaborado por el Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam), este hecho «representó un golpe estratégico para el andamiaje internacional que sostiene a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua», al debilitar a uno de sus principales aliados políticos y económicos.
Para el régimen encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, la caída de Maduro no solo implicó la pérdida de respaldo regional, sino también la activación de temores profundos sobre su propia estabilidad. El documento describe que la reacción inmediata de la cúpula gobernante puede resumirse en una palabra: «cautela», entendida como un repliegue estratégico ante un escenario internacional radicalmente distinto.


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Esa cautela se tradujo en un cambio evidente de discurso. El régimen abandonó la retórica confrontativa contra Estados Unidos y optó por un silencio calculado. Cetcam subraya que este «mutis muy elocuente deja en claro su intención de no incomodar porque ciertamente, los escenarios cambiaron sustantivamente». El temor a nuevas sanciones o incluso a acciones más directas pesa hoy más que la propaganda ideológica.
La captura de Maduro, el pasado tres de enero, también encendió alarmas sobre la cooperación regional. Venezuela fue durante dos décadas un sostén clave para Nicaragua en términos financieros, energéticos y diplomáticos. Su colapso dejó al régimen Ortega-Murillo más aislado, con aliados como Rusia y China mostrando señales de distancia, una situación que el informe resume con crudeza: «sus grandes aliados los han dejado solos».


En el plano interno, el impacto fue inmediato entre las filas del propio Estado. De acuerdo con el informe, entre empleados públicos y estructuras locales del poder «hay temor y se ha incrementado la vigilancia», especialmente en alcaldías y dependencias estatales. El mensaje implícito es claro: el régimen percibe que cualquier fisura interna puede ampliarse bajo presión externa.
Posibles cambios políticos
Sin embargo, mientras en la cúpula se impone el miedo, en la ciudadanía emergen expectativas. Cetcam recoge que, pese al silencio forzado por la represión, la reacción popular es de esperanza. Un estudio de la organización Hagamos Democracia citado en el informe señala que «más del 97 % de las personas participantes consideraba que una eventual caída del régimen de Maduro en Venezuela favorecería a Nicaragua» .
Ese dato no es menor. Revela que una amplia mayoría de nicaragüenses asocia el debilitamiento del chavismo con la posibilidad real de cambios políticos internos. Para muchos, la captura de Maduro abre «un hilo de esperanza» de que el tablero político pueda modificarse a partir de presiones internacionales, particularmente desde Washington.
El informe advierte, no obstante, que este escenario no garantiza una transición automática. El régimen aún controla el aparato represivo y apuesta a resistir mediante ajustes tácticos. Pero lo ocurrido en Venezuela introdujo un factor nuevo: el miedo dejó de ser exclusivo de la ciudadanía y pasó a instalarse en el corazón mismo del poder en Managua.
