La familia Somoza, que estableció una dictadura dinástica por más de 40 años en Nicaragua es conocida por usar el nombre de sus familiares para obras importantes y enaltecerlos y eternizarlos.
En 1932, el fundador de esta dinastía Anastasio Somoza García, le puso al Estadio Nacional, entonces recién construido, el nombre de su madre, Julia García. Tras el terremoto de 1972 esta obra fue recontruida y rebautizada, ahora con el nombre del dictador.
Somoza García llegó incluso a usar el rostro de su única hija Lilliam Somoza Debayle en el billete de un córdoba que circuló en el país entre 194o y 1960 cuando esta fue coronada como «reina de la guardia nacional» por lo que sale con una tiara sobre la cabeza, un simbolismo inaudito para muchos analistas e historiadores.
La estrategia de Somoza es hoy replicada por la dictadura Ortega-Murillo. La codictadora sandinista anunció en sus medios oficialistas que próximamente se inaugurará una urbanización que forma parte del programa de viviendas Bismarck Martínez y que llevará el nombre de la madre del dictador Ortega.
«Para este año también vamos a estar estrenando viviendas en un nuevo reparto, urbanización Doña Lidya Saavedra de Ortega, madre heróica, madre de Camilo, madre de Daniel, madre de Humberto», dijo Murillo.
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Según Murillo el reparto estará ubicado contiguo al tramo I de la pista Héroes de la Insurrección, en el sector de los juzgados de Nejapa, y estará integrada por 125 viviendas.
Esta es una forma de usar el dinero público para mercadear la imagen de sus familiares como seres míticos y buscar que estos sean adulados e idolatrados por la población, principalmente los más pobres que podrían verse beneficiados de estos programas, pero también tratan de vender la idea de que haber dado a luz a Ortega es un acto «heróico» o casi celestial.
