Encabezados por el canciller Valdrack Jaentschke, altos funcionarios nicaragüenses acudieron a la sede diplomática iraní para expresar «respeto» tras el fallecimiento del ayatolá
El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo rompió su cautela diplomática con el envío de una delegación oficial a la Embajada de Irán en Managua. Los funcionarios firmaron el libro de condolencias por la muerte del líder religioso Ali Jamenei, en lo que representa el primer gesto de respaldo tras días de calculada ambigüedad frente al conflicto.
La delegación oficial estuvo encabezada por el canciller Valdrack Jaentschke e integrada por la vicepresidenta de la Asamblea Nacional, Arling Patricia Alonso, la recien sancionada ministra del Trabajo Johana Flores y representantes del grupo parlamentario de amistad Nicaragua–Irán.
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Según el comunicado oficial, los funcionarios acudieron a la sede diplomática para expresar «respeto, solidaridad y acompañamiento» al pueblo iraní y destacar la figura del ayatolá Khamenei, a quien calificaron como un defensor de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.


El gesto ocurre días después de que el líder iraní muriera durante un ataque atribuido a Israel con respaldo de Estados Unidos, un hecho que ha elevado la tensión internacional.
Un respaldo con cautela
La visita a la embajada marca el primer gesto político concreto del oficialismo nicaragüense hacia Irán desde el asesinato del líder religioso. Hasta ahora, la reacción pública del régimen se había limitado a llamados genéricos a la paz emitidos en las intervenciones diarias de Murillo.
En su alocución reciente, la vocera del régimen evitó condenar de forma directa el asesinato de Jamenei y optó por formular un discurso centrado en la necesidad de diálogo internacional.
«Condenamos todas las formas de guerra (…) clamamos al Dios omnipotente para lograr el milagro de la paz», afirmó Murillo, mientras expresaba condolencias al gobierno iraní por el «martirio» del ayatolá.
La funcionaria también lanzó críticas indirectas contra las potencias involucradas en el conflicto, sin mencionar de forma explícita a Washington o Tel Aviv.
Críticas por «hipocresía y temor»
Para Héctor Mairena, dirigente de la organización opositora Unidad Nacional Azul y Blanco, la reacción del régimen refleja una mezcla de cálculo político y temor frente a posibles repercusiones internacionales.
«La cercanía entre el régimen iraní y la dictadura de los Ortega Murillo ha sido bastante estrecha. Y aun así, en el comunicado no condenan a Estados Unidos ni a Israel; se limitan a decir paz, paz, paz», señaló Mairena en entrevista.
El opositor considera que la ambigüedad del discurso responde a la presión que enfrenta el gobierno nicaragüense por parte de Washington.
«Hay hipocresía en ese comunicado, pero también hay temor. Ellos saben que están en la mira y que Estados Unidos sigue atento a lo que ocurre en Nicaragua», sostuvo.
El acto de condolencias en la embajada iraní aparece como un gesto simbólico de solidaridad con Teherán, pero sin asumir un posicionamiento frontal que pueda provocar una respuesta directa de Washington.
