El informe de Cetcam advierte que, pese a la presión internacional tras la captura de Maduro, las fuerzas opositoras de Nicaragua siguen sin articular una ruta clara de transición
La captura de Nicolás Maduro en Venezuela reconfiguró el entorno político regional y colocó a la oposición nicaragüense frente a una prueba que arrastra desde hace años: su incapacidad para actuar como un actor cohesionado y estratégico.
El más reciente informe Perspectivas de Cetcam plantea que los nuevos escenarios abren oportunidades, pero también exponen con mayor nitidez las debilidades estructurales de las fuerzas opositoras.
Cetcam recuerda que lo que suele denominarse oposición nicaragüense es, en realidad, «un amplio y diverso espectro de fuerzas sociales y políticas, dentro y fuera del país». Esta diversidad incluye organizaciones políticas, movimientos sociales, redes ciudadanas y actores de la sociedad civil, tanto en el exilio como dentro del territorio nacional. Sin embargo, esa pluralidad no se ha traducido en una plataforma común con capacidad de incidir en el rumbo político.


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El informe subraya que el estado de terror impuesto por el régimen explica por qué «la mayor parte de la acción política se realiza desde el exterior». No obstante, esta dinámica ha generado una distancia creciente entre los liderazgos opositores y las preocupaciones cotidianas de la población que permanece en Nicaragua, sometida a represión, vigilancia y precariedad económica.
Uno de los principales cuestionamientos que resalta Cetcam es la dificultad de la oposición para convertir coincidencias básicas en una estrategia compartida. Aunque existe acuerdo en la necesidad de poner fin al régimen Ortega-Murillo y promover un cambio por la vía pacífica, las diferencias ideológicas y los intereses particulares continúan bloqueando la conformación de un frente amplio unitario.


El documento advierte que esta fragmentación reduce la capacidad de la oposición para capitalizar coyunturas clave, como la presión internacional generada tras la captura de Maduro. Sin una hoja de ruta clara, la oposición corre el riesgo de quedar relegada mientras otros actores —internos o externos— definen escenarios de «transición» que no respondan a las demandas ciudadanas.
Cetcam es particularmente crítico al señalar que uno de los desafíos más urgentes es «conseguir reconocimiento y legitimidad de la ciudadanía representando sus demandas más sentidas». Durante años, la oposición ha centrado buena parte de su discurso en el plano internacional, pero ha fallado en conectar empáticamente con los problemas diarios de la población y en transmitir una visión creíble de futuro.
Desperdician presión internacional
La experiencia venezolana aparece en el informe como una advertencia. Prepararse para una eventual negociación, señala Cetcam, «es una responsabilidad ineludible», pero hacerlo sin objetivos definidos, límites claros y respaldo ciudadano puede derivar en concesiones que perpetúen la impunidad y debiliten la posibilidad de una transición democrática real.
Por último, el estudio recalca que el rol de la oposición debería concentrarse en definir y sostener demandas irrenunciables: la liberación incondicional de las personas presas políticas, el cese de la represión, la restitución de libertades ciudadanas, el retorno seguro de exiliados y reformas electorales mínimas. Sin una estrategia común y sin legitimidad social, la oposición nicaragüense enfrenta el riesgo de desperdiciar un momento político que difícilmente se repetirá en las mismas condiciones.
