Llegaron al poder en 1979 en momentos similares de revolución, Irán y Nicaragua, pero una de ellas acaba de caer y la otra sigue bajo la presión de Estados Unidos
Dirigentes políticos opositores nicaragüenses y organizaciones de la sociedad civil abogaron por un gobierno democrático en Irán, esto después de que los bombardeos de Israel y Estados Unidos mataron al ayatolá Ali Jamenei, quien gobernó desde 1989 con puño de hierro a la nación islámica.
El coordinador del partido Ciudadanos por la Libertad en el exilio (CxL), Juan Sebastián Chamorro, compartió en su cuenta en red social X, antes Twitter, un video de una mujer iraní que celebra la caída de Jamenei, quien falleció el sábado en el primer día de los ataques de fuerzas conjuntas israelíes y estadounidenses contra Teherán y otras ciudades persas.
«De lo que he visto, me quedo con esto. No entiendo una palabra de farsi, pero tampoco es necesario. Es el alivio de librarse del mal. Momentos cruciales para el pueblo noble iraní. Que este vacío de poder se llene rápidamente con lo que queremos: un Gobierno democrático», escribió el político.


La Ruta del Cambio fue más allá al comparar que lo sucedido en Irán es una advertencia para el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, a quienes Estados Unidos presiona desde el pasado 3 de enero después de la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, tras una serie de bombardeos en Caracas que llevaron a su detención y posterior encarcelamiento en Nueva York donde esperan juicios por varios delitos relacionados con drogas y tráfico de armas.
«Durante años, la dictadura sandinista construyó una alianza ideológica con el régimen de Alí Jamenei, apostando a un modelo de represión que nunca trajo bienestar al pueblo nicaragüense. Fue una alianza de dictadores, no de pueblos. La política exterior de la administración del presidente Donald Trump ha sido clara: los regímenes que persiguen y limitan las libertades a sus pueblos y desestabilizan la región enfrentan consecuencias. No es retórica, son hechos», recordaron.
En 2023, los codictadores firmaron un memorando de entendimiento con el fallecido presidente Ebrahim Raisi durante su visita oficial a Managua. Los acuerdos, luego validados por la Asamblea Nacional, establecieron la creación de una comisión mixta gubernamental con participación de funcionarios de los dos regímenes autocráticos para cooperar en áreas como judicial, salud, política y tecnológica.
Del Irán-Contra a la visita de Raisi
Sin embargo, la relación entre Nicaragua e Irán se remonta a la llegada del sandinismo al poder tras el derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza en 1979. Casi al mismo tiempo mientras que se creó la república islámica, en Nicaragua Daniel Ortega tomó el poder con la revolución sandinista.
Aunque en cada país se vivía una realidad distinta los unió el escándalo de la administración del presidente republicano Ronald Reagan. El conocido caso «Irán-contra» en el que sin autorización del Congreso estadounidense se vendieron armas a Irán para financiar a los grupos insurgentes en contra del sandinismo, creó una especie de vínculo histórico entre las naciones en el contexto de la Guerra Fría.
Estados Unidos aprovechó la guerra entre Irán e Irak para venderle armas al primero de los países con la excusa de que buscaba la liberación de rehenes en El Líbano. Aunque había un embargo estadounidense para vender armas, los recursos obtenidos se usaron para financiar «la contra» en el país centroamericano, los grupos contrarios al sandinismo que llevaron a un conflicto durante una década en esta región.
Esto cimentó la retórica antiimperialista, tanto en Irán como Nicaragua, países que decádas después retomaron sus relaciones ideológicas con el mismo objetivo: condenar la intervención estadounidense en el planeta y usar ese discurso para venderse como naciones soberanas pese a la represión contra sus poblaciones.
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Después de la derrota de Ortega en 1990 con Violeta Barrios de Chamorro como presidenta, las relaciones con Irán pasaron a ser meramente diplomáticas y con mínimos contactos. Sin embargo, al regresar el dictador al poder en 2007 por la vía democrática retomó los contactos diplomáticos con el entonces presidente Mahmoud Ahmadineyad, quien visitó Nicaragua en varias ocasiones y como luego lo hizo Raisi en 2023 prometió grandes inversiones que no se cristalizaron.
Ortega aprovechó la afinidad política e ideológica para romper relaciones con Israel en 2010 en medio del agravamiento del conflicto histórico entre Irán y la nación judía. Una especie de «frente de resistencia» en el que en Suramérica participaba activamente el fallecido mandatario Hugo Chávez Frías desde Venezuela, cuyo gobierno financió al sandinismo desde su retorno a El Carmen.
Mientras Irán cambió varias veces de presidente desde 2007, el dictador nicaragüense se afianzó en el poder y lo comenzó a compartir públicamente, desde las protestas de 2018, con su esposa Rosario Murillo hasta que la nombró copresidenta con la reforma constitucional de 2025.
Las relaciones se afianzaron con la visita de Raisi en 2023 con la firma de acuerdos entre los dos países, el verbo incendiario contra Estados Unidos e Israel, aunque se trató más de una afinidad ideológica sin beneficio económico para Nicaragua.
Mientras que Ortega se atrevió a llamar «revoluciones gemelas» a las de su país y la de Irán, la realidad es que compartían la persecución a sus adversarios, la instalación de sistemas totalitarios y la opresión a su pueblo, cuando Ahmadineyad visitó la región en 2012 y ambos participaron en un acto junto al ya enfermo de cáncer, Hugo Chávez.


El regreso de Trump y la presión contra el sandinismo
No obstante, el regreso de Donald Trump al poder puso en la mira a Nicaragua por su estrecha cooperación con los enemigos históricos de esa nación, la penetración de China, Rusia y posteriormente de Irán en esta nación centroamericana, lo que se agravó con la captura de Nicolás Maduro.
Pese a su detención, el hijo de los codictadores, Laureano Ortega Murillo, celebró los 47 años de la revolución islámica en febrero pasado y reiteró la cooperación de las «dos revoluciones» y su supuesta independencia de la influencia norteamericana.
La Alianza Universitaria Nicaragüense (AUN), ante la muerte de Jamenei, también recordó que como en Irán, se encuentran en resistencia contra el régimen sandinista.
«En este día clave para Irán, celebramos la resistencia inagotable de sus ciudadanos en contra de la tiranía. Paralela a la de #Cuba en calles oscuras, #Venezuela en transición, #Nicaragua exigiendo justicia y #Ucrania defendiendo el futuro en la trinchera. ¡Aquí hay un pueblo que no se rinde!», dice la organización.
Félix Maradiaga, de La Ruta del Cambio, también se pronunció sobre la caída de Jamenei y cómo puede ayudar este tipo de acciones de EEUU a Nicaragua.
«Irán ha sido uno de esos aliados cercanos a la dictadura sandinista. Recordamos las visitas mutuas y los acuerdos diplomáticos, pero esa supuesta amistad no ha traído beneficios reales para Nicaragua», recordó el dirigente político en el exilio.
